Uno de los principales intereses de esta filosofía es -desde múltiples campos del conocimiento- investigar y comprender la naturaleza de un grupo específico de sistemas vivos: los Homo sapiens. Por un lado, el objetivo es investigar a fondo las razones por las cuales esta tribu de mamíferos autoconscientes provoca un desequilibrio ecológico de proporciones planetarias; por el otro, es ofrecer nuevos modelos teóricos que lo acerquen a encontrar su correcto lugar dentro del Árbol de la Vida.
Estimamos que en la antigua imagen sagrada de la Vida y, por extensión, en la antigua imagen sagrada de la naturaleza humana, se halla la piedra filosofal de la justicia y la buena convivencia entre todos los reinos. El fin último de la visión biocéntrica, en el fondo, es resolver el más grande de los peligros ecológicos: el corazón cerrado del Homo sapiens. Un mamífero autoconsciente con el corazón cerrado es equivalente a un reptil con capacidad de razonamiento y creatividad, un prodigio de la Naturaleza verdaderamente espeluznante. Afirmamos, entonces, que la capacidad de restaurar la armonía del ecosistema terrestre depende directamente de la capacidad que desarrolle nuestra especie para abrirse y entregarse a la dimensión más asustadora y vulnerabilizante de todas: la del amor.